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Ferran Latorre, rey de los ochomiles

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Foto: www.ferranlatorre.com

Ferran Latorre, barcelonés nacido en 1970, es una de las grandes figuras del alpinismo en España. Desde que empezó a escalar con tan solo 14 años, no ha parado de sumar metros en sus ascensiones. Excursionista, alpinista y escalador, todo en uno que le ha llevado a conquistar diez ochomiles en los últimos años.

Aunque su primera inquietud profesional fue el mundo de la Ingeniería, tras finalizar sus estudios de realización y producción, trabajó 14 años como operador de cámara en Al filo de lo imposible, de TVE. Actualmente, desempeña labores de periodista y colaborador en diferentes medios de comunicación, además de participar en numerosas conferencias para clubs o empresas deportivas.

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Foto: www.ferranlatorre.com

Latorre comenzó su trayectoria como alpinista gracias a su padre y a la escuela en la que estudió cuando era niño. Su primer contacto con la montaña fue a través del excursionismo, práctica que combinó con su formación en escalada en el Centre Excursionista de Catalunya (CEC). Aunque ha realizado expediciones a los lugares más increíbles del mundo (Asia, Groenlandia, Estados Unidos, la Antártida, etc.), sus entornos preferidos siempre han sido los Pirineos y los Alpes, con especial mención al macizo granítico Mont Blanc.

Con la conquista de los 14 ochomiles del planeta en mente, el escalador catalán alcanzó la cima del pico más difícil del mundo, el K2 (Himalaya), en 2014, y desde entonces no ha parado en su intento de continuar sumando logros, lo que le he llevado a vivir situaciones tan extremas como el terremoto de Nepal del pasado abril durante su expedición del Makalu junto a Nuria Picas. Su próximo reto, escalar el Gasherbrum I (8.080 metros), la undécima montaña más alta de la Tierra.


Dada su formación en la disciplina que desempeña, ¿considera necesario que exista una enseñanza previa para todo aquel que quiera practicar un deporte arriesgado como son el alpinismo o la escalada?

Absolutamente. En mi época, cuando empecé, aunque ya existía una formación bastante accesible, en realidad era incompleta, muy básica y sobre todo no muy bien planteada, pues se trataba de una formación no profesionalizada. Actualmente esto ha cambiado bastante. Existe mucha más oferta, totalmente reglamentada y profesionalizada. El nivel de los formadores es excelente. Yo mismo, que durante estos últimos años he cursado la formación de técnico deportivo en Alta Montaña, puedo dar fe de ello. Buena parte de nuestra formación la tuvimos a partir de errores propios sin experiencia y, la verdad, habría sido mejor haber recibido una buena formación. Por ello, insisto en que la formación es muy importante para empezar.

Asegura que los Alpes fueron su escuela definitiva de aprendizaje. ¿Es importante que un profesional en este campo crezca como deportista en un entorno específico?

Es vital. Tu instinto, tu aprendizaje en todos los aspectos se materializa en el “campo de batalla”. Allí aprendes a calcular bien tus fuerzas, tu técnica, tus horarios, a salir de situaciones de imprevisto. Y es importante cambiar de campo de batalla paso a paso, cuando ya intuimos que podemos con algo más grande. Los pasos demasiado grandes y en falso… son eso: pasos en falso.

No son muchos los deportistas que pueden presumir de haber llegado a la cima de picos que superan los ocho mil metros de altura. ¿Qué valora un alpinista antes de decidir enfrentarse a un desafío de este tipo y qué necesita para lograrlo?

Se necesitan cuatro elementos: preparación técnica, condición física, experiencia y motivación a raudales. La experiencia es la que te permite hacer valoraciones realistas, algo fundamental para tener éxito y para minorizar los riesgos. Hay que valorar muchos factores: la dificultad técnica, la estrategia acorde con tus posibilidades (cantidad de días, horas de salida, horarios de ascensión, cantidad de comida etc.), la condición de la montaña (cantidad de nieve, meteorología, etc.) y finalmente tu condición mental, física y técnica, así como los recursos humanos necesarios para acometerla.

Hace dos meses sucedió una de las mayores catástrofes de los últimos años, el terremoto de Nepal, que acabó con la vida de casi 9.000 personas. Entonces, se encontraba en medio del reto del Makalu, expedición que decidió abandonar para colaborar en la ciudad asiática. ¿Cómo recuerda ese momento?

Estábamos dentro de la tienda y sentí como un mareo, como si estuviera dentro de un barco. Pero a los pocos segundos me di cuenta de que los objetos pequeños también se movían: se trataba de un terremoto. Salimos fuera y a pesar de las nubes, vimos cómo al rededor del Campo Base llegaban bloques de roca y de hielo que se desprendían de más arriba. No eran muchos ni fue una situación de pánico pues todo quedaba muy lejos. Los primeros minutos los vivimos como una anécdota, pero al cabo de un par de horas ya empezamos a recibir noticias de la tragedia acontecida en gran parte del país.

Las condiciones meteorológicas son importantes en cualquier disciplina deportiva pero en el entorno montañoso resultan cruciales, tanto así que pueden incrementar el riesgo de una expedición. ¿Cómo valora esta información y qué herramientas utiliza para la preparación ante una conquista?

Uno de los grandes cambios de los últimos años en el alpinismo ha sido la revolución tecnológica. Me refiero a disponer de teléfonos satélites e Internet satélite. A través de estas herramientas disponemos de previsiones meteorológicas, que han sido uno de los elementos de cambio más cruciales en la práctica del himalayismo. Podemos llamar a nuestros meteorólogos de cabecera, contratar un servicio de partes diario o simplemente consultar las páginas web especializadas. Ha supuesto un elemento crucial para atinar en los días de cumbre y evitar grandes tragedias, como había sucedido en los años precedentes.

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